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No somos más los buenos

Luis Carlos López Ulloa

August 26, 2022

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En un episodio más del clima de violencia que se vive en la entidad, el viernes 12 de agosto de 2022 marcó un nuevo punto de quiebre en un tema que ya nos aqueja desde hace varios años. A nivel personal sigo conmocionado porque la delincuencia -ellos sí muy bien organizados- pudieron paralizar las 5 principales ciudades del Estado sin disparar una sola bala. En lo que me parece un claro desafío a la estabilidad y la gobernabilidad a nivel local, la actuación de las autoridades locales fue simple y llanamente pasmada, tardía y negligente.

Por supuesto, una vez que tratamos de regresar a la normalidad a partir del domingo, volvieron los mismos discursos de siempre. ¿Explicaciones y pretextos? hay de todo tipo, puede usted escoger: que si la gobernadora es panista, que si gobierna su esposo, que si la gobernadora y la alcaldesa de Tijuana traen una guerra fría, o la evidente falta de oficio político para atender el tema. Por supuesto, las declaraciones de la alcaldesa Caballero que han llegado incluso a medios internacionales. El punto es que cómo es posible que -sin una sola bala disparada- se haya paralizado a las ciudades del estado y estos hechos no nos tengan conmocionados.

Por si no fuera suficiente, el senador Jaime Bonilla -ex gobernador de Baja California- fue a la Cámara Alta el miércoles 17 de agosto para señalar públicamente a la gobernadora de tener nexos con el crimen organizado, y que lo sucedido el 12 de agosto había sido un mensaje de la delincuencia contra ella por no haber cumplido compromisos adquiridos. Ciertamente, el señor Bonilla no es referente ni autoridad para hablar de ningún tema, pero sí es de llamar la atención que nadie -ninguna autoridad gubernamental o partidista- ha salido a desmentir sus dichos. Eso sí, muchas muestras de solidaridad con la gobernadora pero de los dichos del senador nada. Ni un tuit.

Ha transcurrido una semana y no ha habido ni siquiera una renuncia, ni una sola ante los hechos tan lamentables. ¿En verdad no hubo inteligencia gubernamental que pudiera prever que esto iba a suceder? ¿Nadie lo vio venir luego de los hechos violentos en otras entidades?
El que cobra como presidente de México, hará una visita a la entidad y por ello habrá una sesión de la mesa de seguridad que encabeza todos los días por la mañana. He leído que empresarios en el estado le pedirán atender el tema de la seguridad y quizá sean escuchados pero, como otras tantas veces, serán ignorados. Lo curioso es que hace apenas un par de meses la clase empresarial de Baja California estuvo reunida en Tijuana con el Secretario de Gobernación y la Secretaria de Seguridad Pública Federal junto con la gobernadora Ávila, y ninguno tuvo un acto de honestidad para reclamar las altas incidencias delictivas que se registran en los municipios de Baja California.


Por otro lado, aunque hay una oposición formal ésta no termina por tomar una inercia de contrapeso efectivo en el Congreso local o en los Cabildos. Simple y llanamente, no aparece haber intención de hacer la tarea que les corresponde, si acaso por ahí aparece alguna declaración que se pierde entre tantas en los medios de comunicación. Hay oposición que es francamente irrelevante y no termina por construir una propuesta propia y atractiva para los electores.

Y para acabar de rematar en el asunto, la sociedad simplemente continua en su negligencia y escudándose en que como todos los políticos son iguales. No podemos pedir actores políticos eficientes que provienen de una sociedad poco organizada y desinteresada de los asuntos públicos. De entre todos la ausencia y enajenación social es lo que me parece más grave. En redes sociales comenzaron las publicaciones de “somos fuertes” “Tijuana es una gran ciudad, saldremos adelante” o la mejor de todas: “somos mas los buenos”. La verdad es que eso no es cierto, somos una sociedad mal organizada, que poco o nada exige a la autoridad y está pasmada esperando que “algo suceda”. Si fuéramos más los buenos jamás hubiéramos llegado a pasar por un episodio como el del viernes negro. Tenemos años siendo omisos y ajenos, preferimos barrer la basura y meterla debajo de la alfombra. Pues bien, esa añeja omisión ya nos está cobrando la factura y la basura es tanta que la alfombra ya no la puede ocultar.

La única manera de que la situación actual cambie es que dejemos la negligencia y tomemos acción. Lo que aquí quiero expresar es que debemos comenzar a actuar, cada uno desde su espacio, comenzar a cambiar la relación que tiene con autoridad local y nacional.

Debo decir, de manera muy franca, que tengo una posición bastante pesimista en cuanto a que podamos darle la vuelta al tema de la violencia en la entidad. Sin embargo, no me quiero quedar en la queja y he decidido comenzar a actuar pues no me resigno a que así sea la Tijuana donde mis hijas van a crecer y desarrollarse, no lo admito, no lo acepto.

Luis Carlos López Ulloa

Nació en Sinaloa y reside en Tijuana, Baja California desde 1989. Es Profesor universitario e investigador. Tiene varias publicaciones en revistas arbitradas a nivel nacional e internacional. Entre sus libros destacan: Cómo nos ven. Coincidencias y diferencias entre los actores políticos de la alternancia en Baja California (2016) y Ruffo. Confesiones y conversaciones con el primer gobernador de oposición en la alternancia mexicana (2020).

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